Tentación.

Estoy orando de madrugada
a un Dios que encuentro vano,
pues su cara mil veces he buscado,
le he pedido que no deje mi mano.

Estoy orando, evitando,
caer en la tentación de su piel gitana
que revive cada noche
con su aroma cerca de mi almohada.

Estoy orando y no está funcionando,
porque a medida que digo las palabras
que imploran perdón de forma amarga
termino gritándolas
para ahogar en mi mente
sus gemidos profundos
ese varonil bemol que el calor agrava.

Oh por Dios!
cómo imploro en el dia
a que llegue la noche
para caer inconsciente
y no recordarle!

Oh Dios! cómo prefiero el castigo
de vivir el dia sin verle,
mas que la agonia de por solo una noche, tenerle!

Me acuesto de madrugada
sin conciliar el sueño,
de obscenidad, intoxicada,
hundiéndome en suspiros
por su vulgar verbo, asediada.

La bruma delicada
tan leve como la música
me dice algo de su tierra,
de su origen, de su amada lejana.

Lloro inquieta
pues mi Dios no se apiada
de ésta condenada sierva
que amando más, nada gana.

En la prisión de mi cuerpo
sólo hay tortura de pasiones
y sólo el sueño me alivia
un poco los dolores.

Pero cuando despierto, 
recuerdo su oscura mirada
su boca maldita
endulzada de miel, adictiva.

Muero de sed mientras rezo,
y en la caverna de mis deseos
palpita ardiente una tórrida humedad,
se me va el aliento,
en puros recuerdos, 
de aquel encuentro,
que por siempre me enmudecerá.

Y que por mas que rezo y ruego,
sé que Dios no me escuchará
y que por mas que quiera
no podré jamás olvidar...



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