Palabras.

"No le pongas palabras a ésto".

Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar.

Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda.

"No le pongas palabras a ésto".

Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome.

Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase.

"No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva.

Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel.

"No le pongas  palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un silencioso amanecer, abrazada a su cuerpo de marmolina, justo como el dios que de noche y por tantos años de lejos yo siempre veía, lo que sentí la noche aquella llena de azules y blancos, cuando las olas y las palabras, me invitaron a ser suya...Cuando me dejé vencer de su osadía.



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