En vano.
En vano seguí su sonrisa blanca como nieve, hacia el negro espectral de una noche de otoño, su risa sonora como el aleteo de aves negras, cual hojas mustias se deslizaron sobre mi cabello sus manos, enredadoras, tristes, melindrosas.
Era tan seco por dentro como un tronco sin vida, y tan bello por fuera, como marmolina recién pulida.
El eco de su música encontró refugio en mi mente, y cual furia de mil caballos retumbaba en las alcobas de nuestros escapes.
Si...Y lo he seguido, hasta verme en el filo de mi propio abismo, invitándome a caer por siempre, en lo oscuro de sus ojos gitanos, pero suavemente algo, alguien, me detiene.
Cambiando el oro por plomo me encontró la aurora de muerte, y quien nunca vio pudo hacerlo, quien jamas estuvo asistió en la primera luz.
El grito agónico de los seres nocturnos se escucha lejano, porque saben todo, lo saben, de nosotros, de ellos mismos, ocultos en el ruido de las ramas, y tu sabes que no sabes aún, mientras yo pretendo adivinar...Que no será para siempre.

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