Palabras en blanco.

Esa noche, cuando me disponía a dormir, mirando sobre mi mesa de trabajo, descubrí un cuaderno en blanco.

No tenía línea alguna, y su papel era tan impecable...

Lo abrí y pensé...En tí.

Y empecé a recordar... Recostada en mi cama...La suave línea de tu piel bajo la manta de cuadros, que era transpasada por la luz del alba.

El calor, tus besos y tus ganas.

Era la hora intermedia de la madrugada y la mañana, la hora en donde las esperanzas y los quehaceres se confunden somnolientos.

Y fantaseaba en el blanco papel, dibujando con mis ojos tu cara, tu sonrisa.

Veía de nuevo detalles que me decían cuanto quería sentir de ti, como las finas líneas de plata de tu pecho que refulgen bajo la manta. 

Había un plácido silencio, festivo y sereno.

Las horas se detuvieron solo para vernos.

Y al verme inspirada por tu sensual abrazo, he agarrado antes que pase la frase que define el momento, un lapicero negro que sin tinta se ha quedado...¡No me sirve!... Entonces encuentro un lápiz algo despuntado.

Y al disponerme creyendo que el cuaderno era nuestro libro secreto, me detengo antes de manchar su blancura como la nota quiebra el silencio...

No...No logro traducir lo que pienso... Es tan claro y confuso al mismo tiempo... 

Piensa rápido...¿Cuáles eran esas hermosas palabras? las que pensé hace un momento...

Mi cabeza se revuelve en recuerdos, tan agradables, inconclusos, lejanos...

Suelto el lápiz frustrada por el vago intento, pero algo mejor se me ocurre al instante: lo abro y recorro sus hojas vacías, dictándole con mi mente un destino para nada fugaz; 

Voy a hacer de ese cuaderno, un libro antiguo forrado con el recuerdo de nuestras pieles, con el sello invisible de nuestros nombres, para que cada vez que lo abra, y me pierda en la extensión de cada hoja, defina con su blancura inmaculada, ¡lo que de ti no puedo definir en palabras!



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