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Mostrando entradas de abril, 2018

El hombre de los ojos grises.

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"Dicen algunos que los ojos grises tiene el color del mar en invierno, del plúmbeo atardecer en los países norteños.  Que es la mirada de las personas soñadoras que miran el mundo con un halo de sutil recogimiento, melancolía y enorme curiosidad.  Otros, en cambio, te dirán que en efecto, tu mirada tiene la tonalidad de las piedras relucientes de los ríos, o de esas canicas mágicas con las que muchos jugábamos de niños." (Poesía gris y suelta).

Estanques.

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Hoy me he acercado, como hace mucho no lo hago. Agachada hasta casi tocar el agua de tus ojos. Mirando asombrada su enigmático brillo. Había olvidado, surcando cielo azules, el tono terroso de tus dos serenas lagunas. Vuelvo a descubrir lo que un día me atrapó de ti. Yo te miro, largamente. Sin decir nada. Las estrellas se unen consternadas, y ellas me forman un camino a tu música. Se abren las entrañas de la tierra cuando hablas con el dulce tono de tu voz. ¿Qué verás en la larga noche de los tiempos, alma antigua? Cuántos reflejos de pasados se acumulan en sus orillas, haciéndoles desbordar en húmedo silencio. Tantas veces ocultas del dolor de un mundo frágil y sin vergüenza, tras las carnes que las visten de ceguera temporal para no ver los abismos de la realidad cruel y dura... Repaso las malezas altas de tus pestañas, oscuras, delicadas, cubriendo firmes los pozos sin fondo de tus pupilas atentas. ¡Y el silencio! Sumergir mis dudas en ellas quiero. Nada...

Hora Perdida.

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En el reloj que me narra los días, está faltando una hora, a la que llamé mientras dormías, la hora perdida. Madrugada incoherente, un extraño regalo de la vida, una hora, una sola, que no se suma ni a tu noche ni a mi día. Ella salta jugando con los segunderos, haciendo con ellos olas en lo breve de nuestro tiempo. Se estira, borrando el dos, colgada de una a tres, sesenta veces ausente... Y me pregunto...¿A dónde se fue? Estará escondida en el silencio de tu despacho, o sentada en el sofá, donde siempre nos besamos. Allí se mece la luna loca, Desde arriba ella mira cómo busco la traviesa hora... En risueño silencio, Los relojes ella ha puesto de acuerdo, Para darle la licencia De faltarle por siempre al tiempo.