Solos (pero no tanto).

Estamos inmersos en un juncal de gente
todos ellos tiesos, malhumorados,
contando monedas, ignorándonos.

Mientras nos hablan, 
vemos sus bocas moverse,
muy lentamente
pero sólo los dos sabemos,
que estamos de frente uno al otro,
observando atentos nuestros labios.

Cualquier sonrisa tímida,
hace que el movimiento de cada músculo
se escuche con gran estruendo,
como si se tratara de mil bombas
lanzadas para explotar los sentidos.

Nos miramos a los ojos,
y sabemos que ambos estamos pensando,
el uno en el otro fijamente
sin que nos desvíen con interesantes temas
de nuestro delirio.

Un toque, muy pequeño,
y nuestra piel se eriza,
eléctrica, recordando.

El día nos distrae
con su afán casi herético,
pero sabemos que cuando la noche llega,
su pasión es toda nuestra.

Qué delicioso es saber,
cuánto te prohíbes de mi cuando alguien
menciona mi nombre,
cuando en secreto yo se 
que por dentro gritas demandando
lo que un juncal de gente
tiesa y malhumorada
te quita de tu lado por las horas 
de un dia de trabajo.

Estamos inmersos,
pero nosotros no nos ahogamos
porque respiramos como nadie mas sabe:
besándonos.

Cuánto silencio tenso
el que sólo nosotros percibimos
cuando nos saludamos
porque sabemos mas el uno del otro
cuando con nuestras pieles 
en la oscuridad nos hablamos.

Un océano de caras
inunda el pavimento roto
y desde la lejanía de una esquina
sin vernos, ya sabemos que nos encontraremos
un día, de forma cuidadosamente casual
para reírnos cómplices de que sólo nosotros 
sabemos cuánto nos deseamos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Palabras.

Hogar.

Eternidad.