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Mostrando entradas de marzo, 2018

Palabras.

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"No le pongas palabras a ésto". Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar. Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda. "No le pongas palabras a ésto". Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome. Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase. "No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva. Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel. "No le pongas  palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un sil...

Hogar.

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Escuché la misma canción de las bocas extranjeras, extrañando el fuego que arde en las casas propias que desconocen. En mil lugares está escrito, el camino de sangre que me lleva de vuelta al hogar. Extraña en mi propia tierra, llorando cada día que estuve lejos, pidiendo en oraciones poder abrazar un día la tierra que a mis ancestros hizo brotar. La llama lenta y azul, que arde desde siempre en el centro de mi espíritu, ilumina de regreso las vías férreas que trazan directo a mi estancia. Y estaba tal vez escrito, o era un deseo muy antiguo, el de estar cerca del árbol, sobre un río invisible, desde allí observar caer la tarde, el fin de toda meditación. Cruzar el mundo, aterrizando sobre olas bravas, para espacir los recuerdos en la arena dorada, hundir mis pies en la playa, en la que con heridas y cicatrices llegué para varar. Luces, pólvora y risas enmarcando, la calle traviesa de piedras, amante, fría, pícara y austera, un amante, muy lejos, con su llama en el centro, ...

Razones.

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Yo nací con el corazón roto, perdida entre las almas, confundiendo los afectos. Mirando luciérnagas como estrellas, sangrando de vez en cuando, cuando creo que me enamoro. Tengo remendada el alma, con suspiros y palabras, esperanzas raídas, la sonrisa gastada. Me siento en las esquinas, y le pregunto al cielo "¿hasta cuándo?", agacho la mirada y sonrío. No niego que a veces me avergüenza lo que estoy preguntando. Nací con el corazón en pedazos, y cada parte de él yace en un abrazo, en una negativa, en alguna cama olvidada, en la nota que se deshace en un cajón, en las palabras que están resonando aún y por los siglos, en las paredes de un país sin nombre. Y yo canto, canto cuando el vacío me abraza, remedio de paso para un espacio que sólo tiene la etiqueta de lo que antes lo ocupó. Y yo sigo sobreviviendo enamorada de una ilusión, y las horas se alargan tarareando, hay en la tarde soleada una canción que nadie escucha, por las calles olvidadas, est...