El juego.

Cuenta una bella pero triste historia,
que el amor y el odio de la mano van unidos,
porque lo que uno por amor junta de día,
luego por el odio en una noche estará destruído.

Lo que no dice el relato, es cómo se pasan las horas.
Cómo desde siempre y desde aquel nefasto día,
en que se hicieron sus caras hermosas,
comparten el tiempo eterno, jugando y jugando,
a ver quién se lleva la mas bella oda.

Yo los he visto, entrar y salir de mi vida,
y no les describen mas allá de sus juntas manos,
pero yo los he visto detenidamente
antes de emprender rápidos la huida,

Sé que son como un siamés:
tienen dos cabezas, 
su pecho es la parte unida,
tienen sólo dos brazos,
y un par de pies.

Le gusta subirse a lo más alto
y desde allí divisar risueños a los humanos,
que caminan por el mundo,
con los ojos vendados, chocándose a tientas,
de sus pasiones esclavos.

Se deleitan escuchando 
al sordo enamorado, tocando ágil
el arpa, la lira, cantando.

El amor lo dirige, con su única mano,
pero presto el odio, enojado
le arrebata la batuta con su fuerte brazo.
Le dirige el odio para que al contrapunto,
cave una profunda fosa
donde pueda enterrar el encanto.

El amor observa
la frágil tumba
y de valor se arma
para revivir lo enterrado.

El enamorado, como todos, de fina arena,
se mueve al viento,
al ritmo de los hermanos nefastos.

Al monumento más bello
que el amor erige,
no le ha de faltar su grieta,
una que el odio le infringe.

Y sólo con una mano,
ambos destrozan la carne de los pobres,
pobres humanos,
se los pasan como briznas, 
los amasan con sus palos,
y cuando los ven quebrados,
los levantan moribundos
y los miran airados.

Del homenaje más bello
al agudo descaro
de la suave lengua casta
al insulto más bellaco
ambos hablan el mismo idioma
tan perfecto y tan mezclado
que uno jamás sabe
si le habla el amor o el odio en falso llanto.

En justa medida,
a los humanos visión les van dando
pero es tan justa y tan ceñida,
que jamás logran ver bien, ¡pobres humanos!
el alma bella de quienes ellos admiran.

Las bellas canciones
de odio arremetidas,
las hermosas pinturas
de odio también raídas,
las famosas esculturas
por el odio su beldad revertida,
los más bellos poemas,
¡palabras de amor y de odio
que han sido paridas!

Así se pasan las horas y la vida
jugando con cosas muertas
que uno creyó que estaban vivas
o para más pesadumbre nuestra,
con cosas vivas, que uno imaginaba ya muertas.

Y es esta guerra intensa,
que no los conmueve,
que sólo pelean, por diversión, sin treguas,
en donde muchos hemos muerto,
como en el Valhala, para revivir de nuevo,
y pelear sin fin por lo que el odio asesina
y el amor crea de nuevo,
ahí estamos perdidos todos,
perdiendo mil veces su guerra,
ganando el juego...¡perdiendo el juego!



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