Entradas

Mostrando entradas de 2018

El hombre de los ojos grises.

Imagen
"Dicen algunos que los ojos grises tiene el color del mar en invierno, del plúmbeo atardecer en los países norteños.  Que es la mirada de las personas soñadoras que miran el mundo con un halo de sutil recogimiento, melancolía y enorme curiosidad.  Otros, en cambio, te dirán que en efecto, tu mirada tiene la tonalidad de las piedras relucientes de los ríos, o de esas canicas mágicas con las que muchos jugábamos de niños." (Poesía gris y suelta).

Estanques.

Imagen
Hoy me he acercado, como hace mucho no lo hago. Agachada hasta casi tocar el agua de tus ojos. Mirando asombrada su enigmático brillo. Había olvidado, surcando cielo azules, el tono terroso de tus dos serenas lagunas. Vuelvo a descubrir lo que un día me atrapó de ti. Yo te miro, largamente. Sin decir nada. Las estrellas se unen consternadas, y ellas me forman un camino a tu música. Se abren las entrañas de la tierra cuando hablas con el dulce tono de tu voz. ¿Qué verás en la larga noche de los tiempos, alma antigua? Cuántos reflejos de pasados se acumulan en sus orillas, haciéndoles desbordar en húmedo silencio. Tantas veces ocultas del dolor de un mundo frágil y sin vergüenza, tras las carnes que las visten de ceguera temporal para no ver los abismos de la realidad cruel y dura... Repaso las malezas altas de tus pestañas, oscuras, delicadas, cubriendo firmes los pozos sin fondo de tus pupilas atentas. ¡Y el silencio! Sumergir mis dudas en ellas quiero. Nada...

Hora Perdida.

Imagen
En el reloj que me narra los días, está faltando una hora, a la que llamé mientras dormías, la hora perdida. Madrugada incoherente, un extraño regalo de la vida, una hora, una sola, que no se suma ni a tu noche ni a mi día. Ella salta jugando con los segunderos, haciendo con ellos olas en lo breve de nuestro tiempo. Se estira, borrando el dos, colgada de una a tres, sesenta veces ausente... Y me pregunto...¿A dónde se fue? Estará escondida en el silencio de tu despacho, o sentada en el sofá, donde siempre nos besamos. Allí se mece la luna loca, Desde arriba ella mira cómo busco la traviesa hora... En risueño silencio, Los relojes ella ha puesto de acuerdo, Para darle la licencia De faltarle por siempre al tiempo.

Palabras.

Imagen
"No le pongas palabras a ésto". Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar. Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda. "No le pongas palabras a ésto". Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome. Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase. "No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva. Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel. "No le pongas  palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un sil...

Hogar.

Imagen
Escuché la misma canción de las bocas extranjeras, extrañando el fuego que arde en las casas propias que desconocen. En mil lugares está escrito, el camino de sangre que me lleva de vuelta al hogar. Extraña en mi propia tierra, llorando cada día que estuve lejos, pidiendo en oraciones poder abrazar un día la tierra que a mis ancestros hizo brotar. La llama lenta y azul, que arde desde siempre en el centro de mi espíritu, ilumina de regreso las vías férreas que trazan directo a mi estancia. Y estaba tal vez escrito, o era un deseo muy antiguo, el de estar cerca del árbol, sobre un río invisible, desde allí observar caer la tarde, el fin de toda meditación. Cruzar el mundo, aterrizando sobre olas bravas, para espacir los recuerdos en la arena dorada, hundir mis pies en la playa, en la que con heridas y cicatrices llegué para varar. Luces, pólvora y risas enmarcando, la calle traviesa de piedras, amante, fría, pícara y austera, un amante, muy lejos, con su llama en el centro, ...

Razones.

Imagen
Yo nací con el corazón roto, perdida entre las almas, confundiendo los afectos. Mirando luciérnagas como estrellas, sangrando de vez en cuando, cuando creo que me enamoro. Tengo remendada el alma, con suspiros y palabras, esperanzas raídas, la sonrisa gastada. Me siento en las esquinas, y le pregunto al cielo "¿hasta cuándo?", agacho la mirada y sonrío. No niego que a veces me avergüenza lo que estoy preguntando. Nací con el corazón en pedazos, y cada parte de él yace en un abrazo, en una negativa, en alguna cama olvidada, en la nota que se deshace en un cajón, en las palabras que están resonando aún y por los siglos, en las paredes de un país sin nombre. Y yo canto, canto cuando el vacío me abraza, remedio de paso para un espacio que sólo tiene la etiqueta de lo que antes lo ocupó. Y yo sigo sobreviviendo enamorada de una ilusión, y las horas se alargan tarareando, hay en la tarde soleada una canción que nadie escucha, por las calles olvidadas, est...

Trato.

Imagen
Hoy me he querido ir, abdicar; a cambio de mi reino, recibir una corona de caricias, como pago del trato que te ofrezco. No tengo mucho que pueda negociar,  o que supongo te interese. O desees quedar. Las ganas de abrazarte, por tus manos peregrinas. Cien noches de desvelo, por tu adorada sonrisa. Todos mis suspiros, por una sola brisa, perfumada de ti, que como humo se desliza. Cambiarte las montañas de mis límites, engastadas de rubíes, por el par de océanos que nacen en tus ojos infantiles. Tengo piel para vestirte, unos besos que pueden menudearse, un poema de Neruda, que me deje en evidencia, las alturas donde los pájaros anidan, un fruto seco para compartir, que puede desmenuzarse. Aunque soy reina, entiendo a los ascetas como tu, que no ven atractivo en las pertenencias, el oro o las bagatelas. Te ofrezco todos mis cantos, por escuchar a tu lado la música  que sale de ti en pleno silencio. Mis pies, mis pechos, y la...

Dos soles.

Imagen
Yo tengo dos soles. Soy una luna, entre ambos, orbitando en mi día a día; a uno lo saludo agradecida, mirando su cara en el cielo. Abriendo la ventana de par en par para invitarlo a mi casa. Y tengo otro, al opuesto de mi mundo, arropado en cama luego de bailar con algunas letras, con sus sicodélicos ojos de rayo multicolor cerrados y a medio sonreír. Suele sorprenderme por la espalda, y yo me recuesto a verlo amanecer entre mis piernas; pasa la media mañana calentándome agradablemente el vientre, se alza hasta el cenit de mi ombligo, se queda un poco más besando mis pechos y cayendo perezoso en su media tarde, finalmente se pone con un beso delicado en mi boca y mi frente, para anochecer sobre mi cabeza. Yo vivo entre dos soles...Será por eso que tal vez me dicen que me veo muy iluminada. Así que nunca me falta luz.