De la nada, tu, preciosa nada.
¡Preciosa preciosa preciosa! era la nada cuando tu no existías cuando disfrutaba de poner mi vida en cuatro palillos para quebrarlos de una palabra. El lago calmo de aguamarina en el que floté por años sin vida que hizo crecer algas en mi espalda y en mis manos, de las que un monstruo se alimentaba, Fue soplado por una suave brisa al llamado alegre de tu boca, y en ella mi nombre, llevándome al borde de este lago, a tu orilla. La verde nube, estancada al fondo de mis sueños se colmó y se asentó como la arena en el fondo del mar. Tu silueta pensativa, plateada y enternecida, me espera con un beso, con las maniobras inesperadas que solo la experiencia a un hombre le dan. Estás rodeado de partículas eróticas que al aspirarlas profundamente encienden una pasión sin par. De una caricia, las algas cayeron de mis manos y de mi espalda; y dejé el sueño de la nada que aunque es ¡preciosa preciosa preciosa! me hizo entrar a otr...