Te lo escribí en la servilleta de un café.
Un día cerré tus ojos, como un sueño para mi fue el alba,
al verte desnudo en mi cama, cuidando tu sueño,
en quietud, en calma.
La noche nos atrapó de nuevo, en un sinfín de suspiros
y esperanzas,
y la disculpa de llamarnos de nuevo,
por si el café conmigo en la mañana te hace falta.
La mirada fija en el espejo, una sonrisa de par en par,
el agua es de diferente color, después de todo,
después de todo el nosotros.
Después de todo tu, nada es igual
después de todo yo no seré igual.
Y la disculpa de llamarnos de nuevo para vernos,
por si el tiempo para el café en la tarde alcanza.

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