Él.

Él ha llegado, y sin palabras, sin violencia, sin voz, ha compuesto mi vida, ha sembrado en las tierras áridas de mi pensamiento.

Por él, cada día agradezco de rodillas poder ver para contemplar su piel.

Por él, cada noche sueño con cantos y palabras, desbordándome la imaginación desde que habita mis espacios.

Por él, he dejado de consumirme amargamente en el fuego de la ira, extinguiendo las llamas con su bondadosa mirada.

Por él, yo vuelo rompiendo las nubes de cualquier cielo, para aterrizar en su boca fresca, para posar en sus labios sensuales las buenas noches.

Por él, yo despierto cada día siendo mejor que ayer, y con ganas de abrazarle y consolarle cuando su jornada no sea la mejor.

Por él, me vuelvo agua y arena, sería regalo del mar, para escurrirme sensualmente entre sus manos.

Por él, deshago el sello venenoso de la oscura caja donde guardo mi Universo, olvidado por un rey con corona de plata, entre las plebeyas sábanas de una tirana bautizada de azabache.

Por él, obligaría al mas bravo a hincarse, arrodillaría todos los ejércitos solo por seguir expandiendo la paz que encontré en sus profundos ojos.

Por él, estaría dispuesta a suicidarme en un beso ardiente, que me reduzca la memoria y el pasado a cenizas, que me borre las caricias y las ganas de otro amor.

Por él, volvería sobre un varonil pecho, abandonaría el miedo de morir traicionada, de que sea acuchillado mi corazón y mi vientre de nuevo por un género maldito.

Por él, me internaría en las estrellas y el sideral silencio, me dejaría caer rendida y esclava de su voz y de su sexo.

Por él, yo por fin tengo descanso, y en los pétalos de mi boca mora el deseo de seguir pronunciando el nombre de mi ángel hasta quedar sumida en el más profundo sueño.

Por él, de nuevo por él, en él.




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