Matándote.
Toda esa noche, una luna inclemente observó mis pausas.
Estando en lo más alto, pensé varias veces en lanzarme al abismo de tus labios... Pero no, no ahora.
Me llenaba de fuerza, y alimentada con esperanza subía y bajaba escalones hacia la furia y la calma.
Despertaba feliz de saber que poco a poco se acercaba la luz de libertad.
Palabras...Mil palabras. Matando mis ilusiones, deshaciéndome el corazón.
Y la tristeza aumentaba, y en el espejo de mi pasado me perdí subiendo y bajando escalas, que se volvieron arena tras de mi.
Y la arena me susurraba "Todo es un sueño...Vuelve, no te pierdas, Las dunas cambian, perderás el camino de vuelta".
Unas palabras de mi pasado...Artífices y cuchillos.
¡Oye tú, Pasado mio!
Te ahogué con las sábanas de un extraño, te ahogué tanto, que dejaste de gritarme en mi memoria, que de un golpe sordo, olvidé quién era y como llegué hasta ese lugar.
Te maté junto con tus silencios y agonías, y sólo quedó mi paz.
Te ahorqué con un hilo de agua, con la mano que pasó por mi espalda, te maté tres veces y una noche más.
El agua dorada que pasaba a sorbos se mezcló con el entusiasmo de muchas miradas.
Y hubo silencio donde antes se colmó la risa.
Un desierto escalonado se abre bajo mis pies.
Sin memoria, sin agua, sin viento, sólo arena entre mis dedos, y sus granos hieren mis ojos.
Despierto, mas aun sigo insconciente, y una extraña recoge mi cuerpo y me arrastra de a poco y como puede al limite de Su Desierto.
Y pienso, más no lo consigo; un vacío estéril sacude mis entrañas, al ver que ella señala con un dedo invisible, las marcas de la piel de ese extraño, asesino de memorias.
Empecé de nuevo, mas no supe cuando, a extrañar al extraño.
Perdida en el desierto, solo me guío por el azul del Horizonte lejano.
Hay vacío, a mi alrededor, encima y debajo. Una burbuja a punto de explotar.
Prometo buscarte, y también asesinarte, matarte cuantas veces pueda, hasta matarte. Asi como lo hiciste con mi memoria, aunque no pide ser vengada, porque también sabe ella que no lo merece.
Voy a buscar una blanca colcha hecha de retazos de inocencia, que sé que la tengo en alguna parte de este Desierto, y voy a envolverte en ella, hasta sofocar tu calor, hasta que mueras de asfixia y de olvido.
Voy a ensillar un caballo de viento, y voy a seguirte hasta el final de mis dias, para matarte, para matarte...Para olvidarte, de un tajo, como debe ser.
Voy a buscar a otro asesino mas, que te mate en mi memoria, en mi aliento y en mi piel, y lo buscaré en cada sábana y te asesinaré en ella con mi risa y desangraré mis ojos hasta no recordar quién fui esa noche, voy a asesinar tus te quiero, con puñaladas certeras, y soplaré tus cenizas en la duna mas alta.
Te lo juro, aquí y allí voy a estar...¡Matándote!

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