Ajedrez.

Nuestra vida está trazada
de cuadros blancos y negros
y los peones que movemos
a medida que avanza el juego
sólo cubren nuestra mayor debilidad:
el pensamiento.

Las fichas salen,
una a una,
pero no siempre en el orden previsto,
una jugada da lugar al ataque,
pero sin previsiones,
el juego ya está mas que perdido...
Raras veces ganado.

Me miras, Yo te miro,
¿próxima jugada?
...Sorpréndeme.

Te escondes
tras la torre que construyó la experiencia
una torre que fue derrumbada
como 3 o 4 veces
antes de reforzarla
cayó a tierra depués de una sonrisa
de alguna musa frágil, pérfida o ligera.

Corres a tu caballo
de marfil negro, y de brío tallado,
cabalgando silencioso,
por los campos áridos de mi memoria vasta.

Al llegar hablas con la estepa, bajas rápidamente
para preguntar misteriosamente
al alfil, erigido con mámol blanco,
esperando que te responda
tan sólo con un brillo mágico.

Cabalgas de nuevo
hacia la reina Fragante
pero sosa
comparando virtudes,
preguntándose si otro Rey
en su corazón oscuro gobierna.

No juegues si no sabes cuánto pierdes,
en éste juego
yo he ganado 5 veces,
tan sólo 2 he sido derrotada,
tan sólo unas 90 vidas
cobró prematuro el destino.

Juega si te sabes triunfador,
porque ganas no me faltan
de hacerte celebrar.
Bajo la ficha reina,
esa que esta en la mitad, en la entrepierna,
donde tantos creen
que debería estar,
no está la llave que a mi reino
te va a dejar entrar.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Palabras.

Hogar.

Eternidad.