Su nombre...?
Una carta oculta, de destinatario desconocido, de escritura lejana, de ilusiones eternas.
Ella le envió todas sus emociones en sólo palabras,
sin saber si las abrió con esperanza o sólo las olvidó sobre la mesa empolvada, llena del tedio de los años.
Su nombre? jamás revelado, ni el de él, ni el de ella, sólo el recuerdo de quien fuera testigo de esa extraña relación, de palabras, de papel, un asomo de envidia en la oficina de correos, al leer secretamente lo que jamas sería, pero se sentía.
Ella respiraba a través de su tinta, y él a través de su música lejana.
Las cartas se espaciaron, las direcciones cambiaron, y una a una con el paso de los años se represaron en la oficina de correos, llenando los compartimentos con palabras, con olvidos, con suspiros.
Su nombre? ningún nombre, sólo el nombre de quien las encontró olvidadas en un baúl, décadas después.
El y ella, viejos y cansados, se encontraban en la estación de tren, en los antiguos cafés, en los salones de té, se vieron, si, miles de veces, pero no se reconocieron, y mientras el encuentro duraba unos segundos, el recuerdo de sus remitentes se desvaneció como el papel de sus palabras bajo la lluvia, las que jamás se leyeron, las que jamás se recibieron, las que nunca resistieron...Pero ellos recordaban aún el ardor de sus plumas movidas de pasión, en aquellos años, en aquellos momentos.
Sólo la maître escuchó de los labios de ella, un nombre, exhalando el último suspiro, un nombre, casi una plegaria, llena de fervor como Padrenuestro, y que parecía iluminar su hora final, llevándola por fin al mundo invisible de sus cartas, sin tiempos, sin lluvias.

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