Salvador.
Ella sostenía mis manos, y tenia dos grandísimas alas... Caminábamos descalzas sobre pasto verde, fresco y suave, entre sillas blancas y bajo las luces de un cielo de verano y primavera mezclados, lucecitas de flores blancas que emergían sobre un camino de parales metálicos. Ya la gente y sus trajes elegantes, como asistiendo a una recepción de matrimonio, se estaban yendo, sólo quedábamos ella y yo. "Nunca Un Salvado condenó tanto a Su Redentor... Es más fácil sin ti, ¿sabes? pero no quiero y no puedo dejarte así. aunque yo sea tu salvador, tu salvador..." Esa canción antes escuchada pero que no conocía, se repetía mientras nos mirábamos embelesadas, porque nuestra belleza inundaba el lugar, y éramos solo ella y yo, y su cabello castaño rojizo liso y grueso como crin de caballo, entre mis dedos; yo la peinaba, besaba su frente clara y le decía "qué hermosa eres...", mirábamos el cielo azul pintado de nubes solitarias tras las montañas de la mañana; yo est...