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Fiesta.

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En los antros del infierno, bailan llamas, llamas bailan, al poco viento y al compás, ¡no se quieren apagar! Bailan, bailan al compás del Diablo que viene de Cuba. Estrenando discos negros, rompiendo a rayos de los antros el suelo. Diablo Diablo que bien hueles a vermut...Y a champán. Meneando alegre la puntuda cola has gritado "A bailar!" Tumba y conga, maraca y cuatro, el ron se sirve, se brinda...Y se va. Golpe y tumba, rabo a los lados, un grito salsero, y él toca poseído un latin jazz. Amanece, anochece, la fiesta no acaba, se mueven los pies, la cintura ¡también! El Diab...

Para ustedes dos...O tres.

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Llámala, una noche de verano, cuando el deseo acosa, como me llamaste a mi preguntando si podías beber de mis fuentes, de las copas que guardaba en mi. Invítala a pasar a tu casa, con amplia sonrisa, misteriosa mirada, con tu cálida mano en su cintura, como algunas veces escapando de ensueños, me recibiste. Cierra la puerta, atácala a besos de tu lengua temblorosa y sedienta, tóquense nerviosamente, como la primera vez que nos tocamos, en el mismo pasillo; donde dando traspiés de amor, se tropezarán con mi cadáver aún fresco, después de aquel suicidio moral que cometí, cuando desesperada caí a tus pies enjugándolos, rogándote que me alejaras de la soledad. Sigue, no la sueltes ni dejes de abrazarla con insistente lascivia, llevándola a la que alguna vez bauticé como nuestra cama, le...

A tiempo.

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...¿Me preguntas por qué quiero de ti otro beso?... ...Tengo razones sencillas, humildes casi siempre, para no desaprovechar de ti un solo beso... Temo que la Muerte, que siempre hace su ronda muy cerca, se esconda en la sombra de mi habitación y me alargue su huesuda mano para ayudarme a incorporarme, y cruzar al otro mundo, y en mi somnolencia recordarte y entender que tu aliento no se mezclará de nuevo con el mío...Y que me invada el malestar eterno, de no tener de ti un último beso. Porque no quiero que se me cercene el grito, que expulsa tu nombre como fuego de mis entrañas, antes de ag...

Contradicción.

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...Y aunque nuestros abuelos afirmaron que todo está escrito, nos obligaron a vivir como si jamás pudiéramos adivinarlo.

Final.

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...Y por fin, mis poemas encontraron a su dueño.

Sabiduría.

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Nadie sabe más de la Vida como aquellos que constantemente se sientan a conversar con la Muerte.

Libre.

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Libre voy ahora, luego de abrir la jaula que contenía mi vida. La llave siempre estuvo en tu lengua, en tu mirada, y la cerradura cedió ante tu adiós. En medio de la oscuridad, en un tranvía hacia el inevitable destino, y sobre la vía, mi voz explotó de estar tantos años reprimida. Yo canté como nunca, en la noche más negra del eterno continente de las historias de piedra y arroz, yo pude huir de mi cuerpo, de mi casa, y al fin, de mi jaula. Y aún no me detengo, inexplicablemente, no se cansa mi voz de bailar con las notas que creí yo, ya olvidaba. Un rayo de tenue púrpura cruzó mi corazón, y por última vez te vi desaparecer en lo oscuro de una esquina, un fantasma de fuego que entró a mi cama, de puntillas en mi vida, luego bajo la lluvia, abrigado con mi paraguas, haciendo de cada noche un sueño y una pesadilla. La sábana en la mañana cubriendo a medias tu espalda, tus manos bajo la almohada, tu boca entreabierta delicadamente, como en una oración indescifrable en un idioma...

Amor.

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                 Cuando apagues el sol de la razón, podrás observar las estrellas en tu corazón.

Veneno.

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Tener tu boca y tus manos, besarte en la oscuridad, abrazarme a ti en la penumbra de la mañana, lamer tu piel ardiente y ser tuya en las noches de una ciudad hermosa, eso, eso... ¿Cómo no enamorarme más? ¿cómo no desear más? Cada caricia y mirada, es una invitación a dar un paso más en ti. Verte dormir, hablar, cantar, recitar y contar, eso, eso... Eso es una invitación a querer perderme en lo más profundo de ti, colores y sabores, en deliciosos porcentajes. Eso, eso, es una amistad con verdaderos momentos eróticos. Sé que ya no habrá respuesta, más que la que tu sexo y tu mirada de hielo me puedan dar. Y siempre la pregunta será: ¿qué haré contigo?...Como si también tuviera una respuesta... Amor, amor, una palabra prohibida en los labios de los furtivos amantes, un licor que al reposarse se vuelve veneno rojo, que inunda y apaga las pasiones, que ponen la piel y la garganta ásperas, que le roba dulzura a los momentos que no volverán. Eso, eso amigo mío, es un deseo que y...

El hombre de los ojos grises.

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"Dicen algunos que los ojos grises tiene el color del mar en invierno, del plúmbeo atardecer en los países norteños.  Que es la mirada de las personas soñadoras que miran el mundo con un halo de sutil recogimiento, melancolía y enorme curiosidad.  Otros, en cambio, te dirán que en efecto, tu mirada tiene la tonalidad de las piedras relucientes de los ríos, o de esas canicas mágicas con las que muchos jugábamos de niños." (Poesía gris y suelta).

Estanques.

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Hoy me he acercado, como hace mucho no lo hago. Agachada hasta casi tocar el agua de tus ojos. Mirando asombrada su enigmático brillo. Había olvidado, surcando cielo azules, el tono terroso de tus dos serenas lagunas. Vuelvo a descubrir lo que un día me atrapó de ti. Yo te miro, largamente. Sin decir nada. Las estrellas se unen consternadas, y ellas me forman un camino a tu música. Se abren las entrañas de la tierra cuando hablas con el dulce tono de tu voz. ¿Qué verás en la larga noche de los tiempos, alma antigua? Cuántos reflejos de pasados se acumulan en sus orillas, haciéndoles desbordar en húmedo silencio. Tantas veces ocultas del dolor de un mundo frágil y sin vergüenza, tras las carnes que las visten de ceguera temporal para no ver los abismos de la realidad cruel y dura... Repaso las malezas altas de tus pestañas, oscuras, delicadas, cubriendo firmes los pozos sin fondo de tus pupilas atentas. ¡Y el silencio! Sumergir mis dudas en ellas quiero. Nada...

Hora Perdida.

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En el reloj que me narra los días, está faltando una hora, a la que llamé mientras dormías, la hora perdida. Madrugada incoherente, un extraño regalo de la vida, una hora, una sola, que no se suma ni a tu noche ni a mi día. Ella salta jugando con los segunderos, haciendo con ellos olas en lo breve de nuestro tiempo. Se estira, borrando el dos, colgada de una a tres, sesenta veces ausente... Y me pregunto...¿A dónde se fue? Estará escondida en el silencio de tu despacho, o sentada en el sofá, donde siempre nos besamos. Allí se mece la luna loca, Desde arriba ella mira cómo busco la traviesa hora... En risueño silencio, Los relojes ella ha puesto de acuerdo, Para darle la licencia De faltarle por siempre al tiempo.

Palabras.

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"No le pongas palabras a ésto". Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar. Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda. "No le pongas palabras a ésto". Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome. Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase. "No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva. Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel. "No le pongas  palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un sil...

Hogar.

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Escuché la misma canción de las bocas extranjeras, extrañando el fuego que arde en las casas propias que desconocen. En mil lugares está escrito, el camino de sangre que me lleva de vuelta al hogar. Extraña en mi propia tierra, llorando cada día que estuve lejos, pidiendo en oraciones poder abrazar un día la tierra que a mis ancestros hizo brotar. La llama lenta y azul, que arde desde siempre en el centro de mi espíritu, ilumina de regreso las vías férreas que trazan directo a mi estancia. Y estaba tal vez escrito, o era un deseo muy antiguo, el de estar cerca del árbol, sobre un río invisible, desde allí observar caer la tarde, el fin de toda meditación. Cruzar el mundo, aterrizando sobre olas bravas, para espacir los recuerdos en la arena dorada, hundir mis pies en la playa, en la que con heridas y cicatrices llegué para varar. Luces, pólvora y risas enmarcando, la calle traviesa de piedras, amante, fría, pícara y austera, un amante, muy lejos, con su llama en el centro, ...

Razones.

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Yo nací con el corazón roto, perdida entre las almas, confundiendo los afectos. Mirando luciérnagas como estrellas, sangrando de vez en cuando, cuando creo que me enamoro. Tengo remendada el alma, con suspiros y palabras, esperanzas raídas, la sonrisa gastada. Me siento en las esquinas, y le pregunto al cielo "¿hasta cuándo?", agacho la mirada y sonrío. No niego que a veces me avergüenza lo que estoy preguntando. Nací con el corazón en pedazos, y cada parte de él yace en un abrazo, en una negativa, en alguna cama olvidada, en la nota que se deshace en un cajón, en las palabras que están resonando aún y por los siglos, en las paredes de un país sin nombre. Y yo canto, canto cuando el vacío me abraza, remedio de paso para un espacio que sólo tiene la etiqueta de lo que antes lo ocupó. Y yo sigo sobreviviendo enamorada de una ilusión, y las horas se alargan tarareando, hay en la tarde soleada una canción que nadie escucha, por las calles olvidadas, est...

Trato.

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Hoy me he querido ir, abdicar; a cambio de mi reino, recibir una corona de caricias, como pago del trato que te ofrezco. No tengo mucho que pueda negociar,  o que supongo te interese. O desees quedar. Las ganas de abrazarte, por tus manos peregrinas. Cien noches de desvelo, por tu adorada sonrisa. Todos mis suspiros, por una sola brisa, perfumada de ti, que como humo se desliza. Cambiarte las montañas de mis límites, engastadas de rubíes, por el par de océanos que nacen en tus ojos infantiles. Tengo piel para vestirte, unos besos que pueden menudearse, un poema de Neruda, que me deje en evidencia, las alturas donde los pájaros anidan, un fruto seco para compartir, que puede desmenuzarse. Aunque soy reina, entiendo a los ascetas como tu, que no ven atractivo en las pertenencias, el oro o las bagatelas. Te ofrezco todos mis cantos, por escuchar a tu lado la música  que sale de ti en pleno silencio. Mis pies, mis pechos, y la...

Dos soles.

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Yo tengo dos soles. Soy una luna, entre ambos, orbitando en mi día a día; a uno lo saludo agradecida, mirando su cara en el cielo. Abriendo la ventana de par en par para invitarlo a mi casa. Y tengo otro, al opuesto de mi mundo, arropado en cama luego de bailar con algunas letras, con sus sicodélicos ojos de rayo multicolor cerrados y a medio sonreír. Suele sorprenderme por la espalda, y yo me recuesto a verlo amanecer entre mis piernas; pasa la media mañana calentándome agradablemente el vientre, se alza hasta el cenit de mi ombligo, se queda un poco más besando mis pechos y cayendo perezoso en su media tarde, finalmente se pone con un beso delicado en mi boca y mi frente, para anochecer sobre mi cabeza. Yo vivo entre dos soles...Será por eso que tal vez me dicen que me veo muy iluminada. Así que nunca me falta luz.

(Indefinido)

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Cuéntame tu, que vas entre dimensiones, cuáles palabras podrían definir la sensación de verde pasto con la que amanece mi cama, ya nunca más fría y sola, desde que ocupas mi mente y las estrechas habitaciones de mi cuerpo. Dime, por favor, cómo resumo lo suave de tu cabello cuando lo toco...Es como ir al parque a recostarme en la losa, con los ojos bien abiertos y los brazos jugando al viento. Cuántos idiomas conoces, para contener en frases el color de tus ojos, el cielo clarísimo y lavado donde ni una sola nube cruza. Enséñame, con vocales y consonantes, cómo construír los fonemas que pueden invocar lo intangible que nos rodea cuando nos entregamos a plena luz de día, brillando juntos más que el sol. Cómo defino, con tan sólo unas pocas letras y sus finitas combinaciones, los tonos de mis ardientes pensamientos cuando de ideas y creatividad me haces hervir. Porque necesito saber cómo decirte, que si la música escogió encarnarse, fue precisamente en ti en quien escogió mater...

Hoy.

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Hoy he tenido una cita conmigo misma, con mis recuerdos de nuestros encuentros. He invitado a mis manos para que pasaran abriendo de nuevo los caminos que recorriste en mi piel. Justo hoy, he sentido en la oscuridad inducida por un parpadeo, tu lengua húmeda hablando con mi sexo. Hoy siento de nuevo como las puertas de manantiales secretos rompen con sus olas la crueldad del olvido. Hoy tus palabras se siguen recordando sensuales, con tu sexual acento en tu boca de ensueño. Hoy me vuelvo a sentir plena y llena de ti, arrancándole gemidos a la soledad, de mi cuerpo lúcido. Hoy he sentido otra vez lo leve de tu mirada y el relámpago de tus eróticos ojos, que doblegan mi voluntad ante tu cuerpo firme. Hoy te siento...Cómo te siento... En hogueras de momentos sostenidos, he derramado aguas intentando aplacar esta llamarada en la que me enciendes con cada palabra o roce de tu piel. Y hoy, te he necesitado y deseado más que siempre, hoy, he tenido una cita con tu pasión des...

Viuda.

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Un grito rompió en la noche con lo insensible de mi olvido. Unas lágrimas de libertad se mezclaron con tu sudor y mi saliva, obligándome a pactar con lo imposible. Este cuerpo, hasta entonces enfermo, encerrado en sí  mismo, se hundirá en el silencio hasta que con un beso sagrado le devuelvas un aliento para poderte amar, hasta que se disipe la oscuridad. Y no es tristeza a voces...Es más bien que me inunda una felicidad secreta. Te irás, volverás y te irás, y siempre seré una viuda del deseo, hibernando en lo profundo de nuestros recuerdos cada que hagas tu maleta. Volveré a las sombras, con elegancia y discreción. Esperaré, con un imaginario de promesas en mi dedo anular, alegre y congelada. Pondré pausa a mis instintos, grabando la instantánea de tu clímax en mi mente. Cuando nadie me mire, tocaré mi cuerpo frente al espejo y reiré recordando los lugares de él que visitaste sin invitación, para hacer la mesa de nuevo y servirla cuando llegues. Y vendrás a mi hamb...