Viuda.
Un grito rompió en la noche con lo insensible de mi olvido.
Unas lágrimas de libertad se mezclaron con tu sudor y mi saliva, obligándome a pactar con lo imposible.
Este cuerpo, hasta entonces enfermo, encerrado en sí mismo, se hundirá en el silencio hasta que con un beso sagrado le devuelvas un aliento para poderte amar, hasta que se disipe la oscuridad. Y no es tristeza a voces...Es más bien que me inunda una felicidad secreta.
Te irás, volverás y te irás, y siempre seré una viuda del deseo, hibernando en lo profundo de nuestros recuerdos cada que hagas tu maleta.
Volveré a las sombras, con elegancia y discreción.
Esperaré, con un imaginario de promesas en mi dedo anular, alegre y congelada.
Pondré pausa a mis instintos, grabando la instantánea de tu clímax en mi mente.
Cuando nadie me mire, tocaré mi cuerpo frente al espejo y reiré recordando los lugares de él que visitaste sin invitación, para hacer la mesa de nuevo y servirla cuando llegues.
Y vendrás a mi hambriento de ganas, para hurgar el pan de mis entrañas, y vendrán tu manos a enterrarse en mi piel como en la tierra húmeda de lluvia.
Viuda, siempre seré de tu deseo una alegre viuda. Lloraré de mi tu ausencia, pero esperaré el amanecer de los años para saciarme de ti con lasciva paciencia.
Unas lágrimas de libertad se mezclaron con tu sudor y mi saliva, obligándome a pactar con lo imposible.
Este cuerpo, hasta entonces enfermo, encerrado en sí mismo, se hundirá en el silencio hasta que con un beso sagrado le devuelvas un aliento para poderte amar, hasta que se disipe la oscuridad. Y no es tristeza a voces...Es más bien que me inunda una felicidad secreta.
Te irás, volverás y te irás, y siempre seré una viuda del deseo, hibernando en lo profundo de nuestros recuerdos cada que hagas tu maleta.
Volveré a las sombras, con elegancia y discreción.
Esperaré, con un imaginario de promesas en mi dedo anular, alegre y congelada.
Pondré pausa a mis instintos, grabando la instantánea de tu clímax en mi mente.
Cuando nadie me mire, tocaré mi cuerpo frente al espejo y reiré recordando los lugares de él que visitaste sin invitación, para hacer la mesa de nuevo y servirla cuando llegues.
Y vendrás a mi hambriento de ganas, para hurgar el pan de mis entrañas, y vendrán tu manos a enterrarse en mi piel como en la tierra húmeda de lluvia.
Viuda, siempre seré de tu deseo una alegre viuda. Lloraré de mi tu ausencia, pero esperaré el amanecer de los años para saciarme de ti con lasciva paciencia.

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