Para ustedes dos...O tres.
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Invítala a pasar a tu casa, con amplia sonrisa, misteriosa mirada, con tu cálida mano en su cintura, como algunas veces escapando de ensueños, me recibiste.
Cierra la puerta, atácala a besos de tu lengua temblorosa y sedienta, tóquense nerviosamente, como la primera vez que nos tocamos, en el mismo pasillo; donde dando traspiés de amor, se tropezarán con mi cadáver aún fresco, después de aquel suicidio moral que cometí, cuando desesperada caí a tus pies enjugándolos, rogándote que me alejaras de la soledad.
Sigue, no la sueltes ni dejes de abrazarla con insistente lascivia, llevándola a la que alguna vez bauticé como nuestra cama, levántala y tírala entre las sábanas, revuélquense excitados casi al colapso sobre mis recuerdos, mis sueños y apatías, mis lágrimas, susurros de amor y entrega incondicional, sobre mis risas y gemidos, sobre mi infinita espera despertando a tu lado.
Hagan el amor, ya que conmigo follaste.
Dale lo que nunca pude obtener de ti mientras te lo daba todo...Al menos lo que yo podía darte que era todo lo que tenía.
Ríndete entonces a sus manos y boca, a su salvaje forma de ser mujer sobre ti, y en un gemido largo de éxtasis sexual, di su nombre con pasión y sudoroso; cae satisfecho de calor sobre ella y respira en su cabello, agitadamente, como veces sin número lo hiciste conmigo.
Descansen, y díganse cosas tiernas al oído, le preguntarás si te quiere, mientras a mi me preguntaste si me había gustado.
Luego caminen hacia el salón, sírvanse un vino de alguna botella que yo haya dejado olvidada, o le invitas a comer de las mismas recetas que me impresionaban, o del chocolate que días antes llevé para celebrar tu dulzura. Cuéntale una trivia interesante en tono desenfadadamente seductor...Como las que me contabas a media luz.
Y siéntense, ya llenos de paz y armonía, sobre mi fantasma que duerme eternamente en el sofá, el que cerró sus ojos luego del suicidio, en un anhelo infinito de Padrenuestro, despojo que espera pacientemente el Juicio Final.
Vean la tele abrazados, toca su cara, sus manos, en un gesto cercano. Y vayan a dormir plácidos mientras mi presencia vaga desintegrada en las sombras de tu casa, la que ambos perfumamos de nuestro sexo y un aliento de vermut.
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