"No le pongas palabras a ésto". Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar. Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda. "No le pongas palabras a ésto". Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome. Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase. "No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva. Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel. "No le pongas palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un sil...
Escuché la misma canción de las bocas extranjeras, extrañando el fuego que arde en las casas propias que desconocen. En mil lugares está escrito, el camino de sangre que me lleva de vuelta al hogar. Extraña en mi propia tierra, llorando cada día que estuve lejos, pidiendo en oraciones poder abrazar un día la tierra que a mis ancestros hizo brotar. La llama lenta y azul, que arde desde siempre en el centro de mi espíritu, ilumina de regreso las vías férreas que trazan directo a mi estancia. Y estaba tal vez escrito, o era un deseo muy antiguo, el de estar cerca del árbol, sobre un río invisible, desde allí observar caer la tarde, el fin de toda meditación. Cruzar el mundo, aterrizando sobre olas bravas, para espacir los recuerdos en la arena dorada, hundir mis pies en la playa, en la que con heridas y cicatrices llegué para varar. Luces, pólvora y risas enmarcando, la calle traviesa de piedras, amante, fría, pícara y austera, un amante, muy lejos, con su llama en el centro, ...
¡Cuántos años han pasado, desde la primera vez que nos vimos, y empezamos a construir, catedrales de espejo, sueños en papel blanco! Las manchas de luz, se vuelven claroscuro, reflejos de un recuerdo que sobrepasa las mentes y el tiempo. Quién pensaría, que después de tantos años, seguiríamos caminado juntos, lado a lado, tomados de la mano, comprendiendo que era la única forma de trazar caminos que nos llevarán a la eternidad. Porque ningún sendero podía llegar a las estrellas, si no estaba a tu lado. El sol se mece en las cortinas de domingo, y el reloj suena pausado, contando los segundos para nuestra partida. Y en el éxtasis de una mirada, congelados por el momento de un parpadeo, en blanco y negro somos felices fantasmas, una impresión. Aún más inmenso que las catedrales a nuestro alrededor, tuvimos un reino que construimos, con la forma de nuestra casa, donde te hice rey, y en donde, con honores, me entregaste un arquero de ojos claros y dos vírgenes ...
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