"No le pongas palabras a ésto". Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar. Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda. "No le pongas palabras a ésto". Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome. Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase. "No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva. Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel. "No le pongas palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un sil...
Escuché la misma canción de las bocas extranjeras, extrañando el fuego que arde en las casas propias que desconocen. En mil lugares está escrito, el camino de sangre que me lleva de vuelta al hogar. Extraña en mi propia tierra, llorando cada día que estuve lejos, pidiendo en oraciones poder abrazar un día la tierra que a mis ancestros hizo brotar. La llama lenta y azul, que arde desde siempre en el centro de mi espíritu, ilumina de regreso las vías férreas que trazan directo a mi estancia. Y estaba tal vez escrito, o era un deseo muy antiguo, el de estar cerca del árbol, sobre un río invisible, desde allí observar caer la tarde, el fin de toda meditación. Cruzar el mundo, aterrizando sobre olas bravas, para espacir los recuerdos en la arena dorada, hundir mis pies en la playa, en la que con heridas y cicatrices llegué para varar. Luces, pólvora y risas enmarcando, la calle traviesa de piedras, amante, fría, pícara y austera, un amante, muy lejos, con su llama en el centro, ...
Él ha llegado, y sin palabras, sin violencia, sin voz, ha compuesto mi vida, ha sembrado en las tierras áridas de mi pensamiento. Por él, cada día agradezco de rodillas poder ver para contemplar su piel. Por él, cada noche sueño con cantos y palabras, desbordándome la imaginación desde que habita mis espacios. Por él, he dejado de consumirme amargamente en el fuego de la ira, extinguiendo las llamas con su bondadosa mirada. Por él, yo vuelo rompiendo las nubes de cualquier cielo, para aterrizar en su boca fresca, para posar en sus labios sensuales las buenas noches. Por él, yo despierto cada día siendo mejor que ayer, y con ganas de abrazarle y consolarle cuando su jornada no sea la mejor. Por él, me vuelvo agua y arena, sería regalo del mar, para escurrirme sensualmente entre sus manos. Por él, deshago el sello venenoso de la oscura caja donde guardo mi Universo, olvidado por un rey con corona de plata, entre las plebeyas sábanas de una tirana bautizada de ...
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