Estanques.

Hoy me he acercado, como hace mucho no lo hago.
Agachada hasta casi tocar el agua de tus ojos.

Mirando asombrada su enigmático brillo.
Había olvidado, surcando cielo azules, el tono terroso de tus dos serenas lagunas.

Vuelvo a descubrir lo que un día me atrapó de ti.
Yo te miro, largamente.
Sin decir nada.

Las estrellas se unen consternadas, y ellas me forman un camino a tu música.

Se abren las entrañas de la tierra cuando hablas con el dulce tono de tu voz.

¿Qué verás en la larga noche de los tiempos, alma antigua?
Cuántos reflejos de pasados se acumulan en sus orillas,
haciéndoles desbordar en húmedo silencio.

Tantas veces ocultas del dolor de un mundo frágil y sin vergüenza,
tras las carnes que las visten de ceguera temporal para no ver los abismos de la
realidad cruel y dura...

Repaso las malezas altas de tus pestañas,
oscuras, delicadas, cubriendo firmes los pozos sin fondo de tus
pupilas atentas.

¡Y el silencio! Sumergir mis dudas en ellas quiero.

Nadar en círculo, salir desnuda a caminar en tus playas de iris tostado,
y allí descansar.

Hoy te he mirado, como hace mucho no lo hago,
para recordar el fino color habano de tus ojos embrujados.






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