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Eternidad.

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¡Cuántos años han pasado, desde la primera vez que nos vimos, y empezamos a construir, catedrales de espejo, sueños en papel blanco! Las manchas de luz, se vuelven claroscuro, reflejos de un recuerdo que sobrepasa las mentes y el tiempo. Quién pensaría, que después de tantos años, seguiríamos caminado juntos, lado a lado, tomados de la mano, comprendiendo que era la única forma de trazar caminos que nos llevarán a la eternidad. Porque ningún sendero podía llegar a las estrellas, si no estaba a tu lado. El sol se mece en las cortinas de domingo, y el reloj suena pausado, contando los segundos para nuestra partida. Y en el éxtasis de una mirada, congelados por el momento de un parpadeo, en blanco y negro somos felices fantasmas, una impresión.  Aún más inmenso que las catedrales a nuestro alrededor, tuvimos un reino que construimos, con la forma de nuestra casa, donde te hice rey, y en donde, con honores, me entregaste un arquero de ojos claros y dos vírgenes ...

Salvador.

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Ella sostenía mis manos, y tenia dos grandísimas alas... Caminábamos descalzas sobre pasto verde, fresco y suave, entre sillas blancas y bajo las luces de un cielo de verano y primavera mezclados, lucecitas de flores blancas que emergían sobre un camino de parales metálicos. Ya la gente y sus trajes elegantes, como asistiendo a una recepción de matrimonio, se estaban yendo, sólo quedábamos ella y yo. "Nunca Un Salvado condenó tanto a Su Redentor... Es más fácil sin ti, ¿sabes? pero no quiero y no puedo dejarte así. aunque yo sea tu salvador, tu salvador..." Esa canción antes escuchada pero que no conocía, se repetía mientras nos mirábamos embelesadas, porque nuestra belleza inundaba el lugar, y éramos solo ella y yo, y su cabello castaño rojizo liso y grueso como crin de caballo, entre mis dedos; yo la peinaba, besaba su frente clara y le decía "qué hermosa eres...", mirábamos el cielo azul pintado de nubes solitarias tras las montañas de la mañana; yo est...

Diablo.

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El diablo va allí por el parque, pisando flores y hojas secas, adora cómo se deshacen y suenan con la fuerza de sus pasos, es un niño entretenido en pequeñas destrucciones. Camina mirando al piso, con los ojos encendidos, dos pequeñas y tiernas fogatas que no se extinguen jamás. Patea las piedras, con la mente incendiada, con la conciencia tranquila, con la maldad domada. El se resigna, y camina, camina...Por las estaciones del subterráneo, por las gasolineras, y los supermercados. El se sienta en las bancas  y observa la gente pasar, en sepulcral silencio. Les lee la mente, pero no se horroriza. El sabe de pasiones, de olvidos y de culpas, él sabe de oraciones, de caminos, y de estar confundido a oscuras. El arde en silencio y cuando nadie lo ve, él transfigura su rostro cuando le preguntan quién es. Nunca saca las manos de sus bolsillos...Siempre hay trucos en ellos. El sonríe cuando sale de un hotel, cuando conoce a una mujer, cuando toma un tren hacia la nada. ...

Distancia.

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Tantos amores hay escondidos tras los edificios, observando perdidamente las ventanas, con la esperanza de cruzarse con una mirada. una mirada que les cambie la vida. Tantos corazones en vilo, esperando al salir de sus jornadas de trabajo, una voz en el metro, una palabra, que devuelva la ilusión o la picardía, un nuevo ritmo y fuerza después de tanto años viviendo con el mismo y gastado palpitar. Tantos hombres tan desorientados, confundiendo noches de placeres con amores eternos, de temores consumidos, con amargas soledades, con sus lenguas paralizadas, echados en un rincón, sollozando a oscuras por los abrazos que son cura, de los cuales aún no tienen razón. Tantas mujeres, de pasiones fabricadas, de falacias en sus rostros orgullosas, suspirando frente al espejo horas, días, años, encontrándose defectos, suspirando por lo que no deberían ellas ser. Tanto que nos hace falta, tantos besos que deseamos dar por las mañanas, tantos que observamos al atardecer de dorado fuego, el...

Canción secreta.

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Hay un momento corto, muy corto, tanto que apenas lo percibo. Locura y éxtasis entre la calma del mediodía y la tarde. Yo aguanto en silencio, mientras los días pasan veloces...Y tú no estas. Pero de repente, una muralla de risas y frases de esperanza se derrumba estrepitosa, y me quedo sola enfrentando tu recuerdo. Entonces huyo, y me retiro a lo más profundo de mi mente. Cierro mis ojos y escucho tu canción secreta. Y leo tu poema favorito con la esperanza de que se convierta en plegaria sanadora. Y me contengo de hacer locuras, de correr y buscarte y decirte que aunque pasan los días no te olvido, y que me canso del tedio de un mundo falso. Amarro mis manos y me escondo, agarro la poca fuerza que me queda y me ato a tus brazos invisibles a mi alrededor, apretándome fuerte, contigo diciéndome con seguridad que no te amo, que todo esto pasará pronto, que será mejor estar lejos de ti y que no lo haga todo tan difícil. Aprendiéndome esas mentiras de memor...

Bosque.

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Recuerdo vagamente la pesadilla de una tierra agrietada y cubierta de cielo lluvioso que no se derramaba. La tierra era mi árido corazón, las grietas, la terrible desazón; el cielo eran mis ojos...Que adoloridos no lloraban...No se derramaban. Llegas corriendo...Huyendo...No sé de dónde o desde cuándo... Justo...A tiempo...En medio de mí. En el bolsillo de mi pantalón encuentro unas semillas. Las dejé caer en las hendiduras...Me miraste en el momento cuando se alzaban las más negras nubes en mis ojos. Me abrazaste...Y por fin pude llover. Lloví tanto, que mis lágrimas inundaron nuestros zapatos. Y se escuchó estruendo y tembló. De las semillas nacieron robles que con sus raíces destruyeron recuerdos. Nos abrazamos muy fuerte, mientras los árboles rompían el silencio chocando sus ramas. Nos abrazamos con miedo y dudas, y el cielo de mis ojos se aclaraba y se llenaba de pájaros azules. Y cuando no lo esperaba, hiciste, con un suspiro de alivio, crecer un bosque ve...

Silencio.

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Las ganas de gritar tu nombre se me hacen nudo en la garganta. De gritar, de gritar a todos que te amo en el silencio de la madrugada, que te desvisto con mi boca, que conozco cada rincón de ti. Que respiras conmigo el aire de la mañana y ves desde mi cama la primera luz del amanecer. Que volviste a tomar algo de café después de un tiempo largo. Gritar...¡tanto lo deseo! Gritar que soy feliz cuando tocas mis nalgas con tus manos grandes y anchas, que sabes lo que me gusta y cuándo lo quiero. ...Pero amas demasiado el silencio, pero amas tanto los secretos...Más que a ti mismo. Y me abstengo de gritarte a los cuatro vientos mientras pienso: "¿Por qué tanto silencio?..."