Canción secreta.
Hay un momento corto, muy corto, tanto que apenas lo percibo.
Locura y éxtasis entre la calma del mediodía y la tarde.
Yo aguanto en silencio, mientras los días pasan veloces...Y tú no estas.
Pero de repente, una muralla de risas y frases de esperanza se derrumba estrepitosa, y me quedo sola enfrentando tu recuerdo.
Entonces huyo, y me retiro a lo más profundo de mi mente.
Cierro mis ojos y escucho tu canción secreta. Y leo tu poema favorito con la esperanza de que se convierta en plegaria sanadora.
Y me contengo de hacer locuras, de correr y buscarte y decirte que aunque pasan los días no te olvido, y que me canso del tedio de un mundo falso.
Amarro mis manos y me escondo, agarro la poca fuerza que me queda y me ato a tus brazos invisibles a mi alrededor, apretándome fuerte, contigo diciéndome con seguridad que no te amo, que todo esto pasará pronto, que será mejor estar lejos de ti y que no lo haga todo tan difícil.
Aprendiéndome esas mentiras de memoria y con mi corazón gritando que eso es falso. Con un pájaro azul que metiste en mi pecho luchando hasta cansarse por ir a buscarte.
Y se va aquietando y se va rindiendo...Y yo también me voy rindiendo, de tanto esperar a que se borre mi mente con un rayo celestial.
Y escucho en la soledad de este mundo, el resumen del eco de tu vida en la mía en esa canción, esa que me trae tu piel, tu voz eterna, y me hace sentir por unos minutos adictivos que estas aquí, que nada pasa, que si cruzo la puerta de mi habitación te encontraré sonriendo en la cocina de nuestra casa, riéndote de mi cara de pesadilla.
Y tengo miedo de abrir mis ojos, porque es todo mentira, porque es mentira que se puede seguir viviendo después de conocerte, después de ver la luz, después de dejarte ir. Siento vértigo y caigo en mi cama, destruída.
Porque no puede haber vida, mas allá, después de tenerte.
Esto sí que es muerte, una muerte con música cada que me rindo sin ti.
Cuando se acaba la música, hay silencio, un silencio de fortalezas y demonios, que me dice que no estas más y que no estarás nunca, enfurezco entonces y detengo tu canción para que no la escuche nadie más que yo, porque me avergüenza soñarte en este secreto momento.
Y me decido siempre a sentir vacíos, a levantar de nuevo la muralla, a construir una defensa de sonrisas, a recoger mis patéticas lagrimas del suelo de nuestros sueños rotos.
Me apresuro a esconder tu canción, a darle de comer al pájaro y contemplarlo en la jaula de mis costillas menudas.
Ya deja de revolotear, esa canción nunca va a ayudarte a salir de allí.
Respiro aún con lagrimas en mis ojos, y recupero de a poco lo que llaman la cordura, y me río compasiva de mi lapsus, de mi debilidad entre horas, de anhelo de fin de semana.
Y retomo la vida...Hasta que caiga de nuevo en la abstinencia de tu piel y me ataque esta falta de aire de colores que me diste a probar un día en tu habitación.

Comentarios
Publicar un comentario