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Amor.

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                 Cuando apagues el sol de la razón, podrás observar las estrellas en tu corazón.

Veneno.

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Tener tu boca y tus manos, besarte en la oscuridad, abrazarme a ti en la penumbra de la mañana, lamer tu piel ardiente y ser tuya en las noches de una ciudad hermosa, eso, eso... ¿Cómo no enamorarme más? ¿cómo no desear más? Cada caricia y mirada, es una invitación a dar un paso más en ti. Verte dormir, hablar, cantar, recitar y contar, eso, eso... Eso es una invitación a querer perderme en lo más profundo de ti, colores y sabores, en deliciosos porcentajes. Eso, eso, es una amistad con verdaderos momentos eróticos. Sé que ya no habrá respuesta, más que la que tu sexo y tu mirada de hielo me puedan dar. Y siempre la pregunta será: ¿qué haré contigo?...Como si también tuviera una respuesta... Amor, amor, una palabra prohibida en los labios de los furtivos amantes, un licor que al reposarse se vuelve veneno rojo, que inunda y apaga las pasiones, que ponen la piel y la garganta ásperas, que le roba dulzura a los momentos que no volverán. Eso, eso amigo mío, es un deseo que y...

El hombre de los ojos grises.

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"Dicen algunos que los ojos grises tiene el color del mar en invierno, del plúmbeo atardecer en los países norteños.  Que es la mirada de las personas soñadoras que miran el mundo con un halo de sutil recogimiento, melancolía y enorme curiosidad.  Otros, en cambio, te dirán que en efecto, tu mirada tiene la tonalidad de las piedras relucientes de los ríos, o de esas canicas mágicas con las que muchos jugábamos de niños." (Poesía gris y suelta).

Estanques.

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Hoy me he acercado, como hace mucho no lo hago. Agachada hasta casi tocar el agua de tus ojos. Mirando asombrada su enigmático brillo. Había olvidado, surcando cielo azules, el tono terroso de tus dos serenas lagunas. Vuelvo a descubrir lo que un día me atrapó de ti. Yo te miro, largamente. Sin decir nada. Las estrellas se unen consternadas, y ellas me forman un camino a tu música. Se abren las entrañas de la tierra cuando hablas con el dulce tono de tu voz. ¿Qué verás en la larga noche de los tiempos, alma antigua? Cuántos reflejos de pasados se acumulan en sus orillas, haciéndoles desbordar en húmedo silencio. Tantas veces ocultas del dolor de un mundo frágil y sin vergüenza, tras las carnes que las visten de ceguera temporal para no ver los abismos de la realidad cruel y dura... Repaso las malezas altas de tus pestañas, oscuras, delicadas, cubriendo firmes los pozos sin fondo de tus pupilas atentas. ¡Y el silencio! Sumergir mis dudas en ellas quiero. Nada...

Hora Perdida.

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En el reloj que me narra los días, está faltando una hora, a la que llamé mientras dormías, la hora perdida. Madrugada incoherente, un extraño regalo de la vida, una hora, una sola, que no se suma ni a tu noche ni a mi día. Ella salta jugando con los segunderos, haciendo con ellos olas en lo breve de nuestro tiempo. Se estira, borrando el dos, colgada de una a tres, sesenta veces ausente... Y me pregunto...¿A dónde se fue? Estará escondida en el silencio de tu despacho, o sentada en el sofá, donde siempre nos besamos. Allí se mece la luna loca, Desde arriba ella mira cómo busco la traviesa hora... En risueño silencio, Los relojes ella ha puesto de acuerdo, Para darle la licencia De faltarle por siempre al tiempo.

Palabras.

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"No le pongas palabras a ésto". Decía él, irguiéndose a media velocidad ante mí, tan seguro, imparable, casi terrorífico, como surgiendo del alebrestado mar. Su cara y su cabello al aire como un Poseidón dispuesto a a arrebatar mi vida, me intimidaron dejándome muda. "No le pongas palabras a ésto". Decía mientras me apretaba contra su cuerpo, y yo me justifica la ausencia de calor, por largo rato, adolorida y decepcionada, pensativa. Tal vez malgastándome. Una mente desperdigada, moribunda y confundida se revolvía, se calmaba a ratos con los silencios entre las palabras de su frase. "No le pongas palabras a ésto", me decía tratando de besar mi boca esquiva. Espumas de océanos, en indescifrable comunión con su cuerpo...No sabría decir hasta dónde me golpeaba en olas su pulida y suave piel. "No le pongas  palabras a esto", se quedó esa frase en mi cabeza...Y hasta ahora no tengo palabras para describir cuando abrí mis ojos en un sil...

Hogar.

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Escuché la misma canción de las bocas extranjeras, extrañando el fuego que arde en las casas propias que desconocen. En mil lugares está escrito, el camino de sangre que me lleva de vuelta al hogar. Extraña en mi propia tierra, llorando cada día que estuve lejos, pidiendo en oraciones poder abrazar un día la tierra que a mis ancestros hizo brotar. La llama lenta y azul, que arde desde siempre en el centro de mi espíritu, ilumina de regreso las vías férreas que trazan directo a mi estancia. Y estaba tal vez escrito, o era un deseo muy antiguo, el de estar cerca del árbol, sobre un río invisible, desde allí observar caer la tarde, el fin de toda meditación. Cruzar el mundo, aterrizando sobre olas bravas, para espacir los recuerdos en la arena dorada, hundir mis pies en la playa, en la que con heridas y cicatrices llegué para varar. Luces, pólvora y risas enmarcando, la calle traviesa de piedras, amante, fría, pícara y austera, un amante, muy lejos, con su llama en el centro, ...