Mágico.
Asi eres tú, encantador, con tu piel indomable.
Asi me tienes, hechizada con tu labios y tu mirada que me hace sentir desnuda el alma.
Asi quiero estar, despierta y besándote, sin dejar un espacio de ti por donde yo no haya paseado.
Asi quiero tenerte, asfixiado en deseo y exudando pasión.
Asi voy a mirarte, como quien adora la obra esculpida finamente en mármol.
Asi voy a rogarte, que me hagas de ti recuerdo, suspiro, sudor, gemido, sensual anhelo.
Asi quiero desesperadamente suspirarte, embriagarme de tu perfume animal.
Tomaré un poco de ti y de mi, y de una cristalina mezcla, haré un filtro para ponerlo bajo mi lengua.
Buscaré en ti tus lugares, secretos altares, que las estrellas de noche visitan con su luz pálida.
Besaré invocando en antiguas palabras perdidas, las piedras de tu fe, reviviendo un coloso enmohecido.
Te haré una noche tapizada en diamantes, con la tela oscura y con otra mía, con la que cubrimos nuestros desbordados sentidos.
Te juntaré muchas caricias y haré fragantes flores con ellas, para regarlas cuidadosamente sobre tu cuerpo pleno y desnudo.
Y cuando mi penumbra termine, te veré brillar sobre mi, al compás inaudible de un universo creado por nosotros, unidos en un abrazo, en un calor de átomos, en tus manos entrelazadas con las mías descansando a los lados de nuestros cuerpos llenos de magia, de sexo, de gotitas de rocío frías.
Asi me tienes, hechizada con tu labios y tu mirada que me hace sentir desnuda el alma.
Asi quiero estar, despierta y besándote, sin dejar un espacio de ti por donde yo no haya paseado.
Asi quiero tenerte, asfixiado en deseo y exudando pasión.
Asi voy a mirarte, como quien adora la obra esculpida finamente en mármol.
Asi voy a rogarte, que me hagas de ti recuerdo, suspiro, sudor, gemido, sensual anhelo.
Asi quiero desesperadamente suspirarte, embriagarme de tu perfume animal.
Tomaré un poco de ti y de mi, y de una cristalina mezcla, haré un filtro para ponerlo bajo mi lengua.
Buscaré en ti tus lugares, secretos altares, que las estrellas de noche visitan con su luz pálida.
Besaré invocando en antiguas palabras perdidas, las piedras de tu fe, reviviendo un coloso enmohecido.
Te haré una noche tapizada en diamantes, con la tela oscura y con otra mía, con la que cubrimos nuestros desbordados sentidos.
Te juntaré muchas caricias y haré fragantes flores con ellas, para regarlas cuidadosamente sobre tu cuerpo pleno y desnudo.
Y cuando mi penumbra termine, te veré brillar sobre mi, al compás inaudible de un universo creado por nosotros, unidos en un abrazo, en un calor de átomos, en tus manos entrelazadas con las mías descansando a los lados de nuestros cuerpos llenos de magia, de sexo, de gotitas de rocío frías.

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