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Deseo.

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Cada noche al recostarme en mi cama, es tu mirada la que me arrulla entre imágenes y recuerdos de momentos, algunos que aún no vivo, algunos que aún se confunden entre pasados y presentes colados en mi vida. Cada noche, entre sábanas y suspiros, en la soledad, abrazando la almohada en febril deseo, abandonada a fantasías y súplicas, yo dibujo el contorno de tu rostro con mi mano mirando a la oscuridad. Me imagino tocar suavemente tu boca y tus labios, cerrados para mi en un intento de desafiarme a sentir la humedad y calidez de tu lengua. Imagino que tu respiración se contiene por un momento casi imperceptible en el tiempo, y mientras te miro fijamente me acerco para besarte deliciosa y apasionadamente, aferrándome a tu cuerpo, como quien se aferra a su último aliento. Y siento por un momento, tus manos limpiando de mi piel las cenizas del fuego de una pasión que me calcinó hasta los sentimientos, que limpias de mi los restos de vidas pasadas, mis lágrimas, mi sangre en los lab...

Él.

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Él ha llegado, y sin palabras, sin violencia, sin voz, ha compuesto mi vida, ha sembrado en las tierras áridas de mi pensamiento. Por él, cada día agradezco de rodillas poder ver para contemplar su piel. Por él, cada noche sueño con cantos y palabras, desbordándome la imaginación desde que habita mis espacios. Por él, he dejado de consumirme amargamente en el fuego de la ira, extinguiendo las llamas con su bondadosa mirada. Por él, yo vuelo rompiendo las nubes de cualquier cielo, para aterrizar en su boca fresca, para posar en sus labios sensuales las buenas noches. Por él, yo despierto cada día siendo mejor que ayer, y con ganas de abrazarle y consolarle cuando su jornada no sea la mejor. Por él, me vuelvo agua y arena, sería regalo del mar, para escurrirme sensualmente entre sus manos. Por él, deshago el sello venenoso de la oscura caja donde guardo mi Universo, olvidado por un rey con corona de plata, entre las plebeyas sábanas de una tirana bautizada de ...

Mágico.

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Asi eres tú, encantador, con tu piel indomable. Asi me tienes, hechizada con tu labios y tu mirada que me hace sentir desnuda el alma. Asi quiero estar, despierta y besándote, sin dejar un espacio de ti por donde yo no haya paseado. Asi quiero tenerte, asfixiado en deseo y exudando pasión. Asi voy a mirarte, como quien adora la obra esculpida finamente en mármol. Asi voy a rogarte, que me hagas de ti recuerdo, suspiro, sudor, gemido, sensual anhelo. Asi quiero desesperadamente suspirarte, embriagarme de tu perfume animal. Tomaré un poco de ti y de mi, y de una cristalina mezcla, haré un filtro para ponerlo bajo mi lengua. Buscaré en ti tus lugares, secretos altares, que las estrellas de noche visitan con su luz pálida. Besaré invocando en antiguas palabras perdidas, las piedras de tu fe, reviviendo un coloso enmohecido. Te haré una noche tapizada en diamantes, con la tela oscura y con otra mía, con la que cubrimos nuestros desbordados sentidos. Te juntaré muchas c...

Sueño.

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Hoy he despertado de madrugada. El silencio del lunes en la oscuridad siempre es tenso. Las lámparas de la avenida rechinan de electricidad, y yo me siento, sola, en cama, a ver la negrura de mi habitación, sedienta. Despierto, y antes he tenido el mismo sueño, de tu risa y tu pelo al viento, de páramos y nubes que se escalan en forma de caracol. He visto tus zapatos, delante de los míos, y tú extendiéndome tu amplia mano para seguirte el paso. Llegamos a la cima verde, pedregosa, y allí, al lado de una casa semidestruída, y una cabaña de rústica madera, nos espera en la punta más alta una niña de pelo negro, sonriendo festiva, blanca como la nieve, con un águila en su delgado brazo cubierto por un guante de piel bovina clara. Nos quedamos mirando uno al lado del otro, y ella nos acerca su curiosa mascota, para que acariciemos sus plumas brillantes, para que miremos sus ojos de otra dimensión. Tu me empujas sonriendo, suavemente, y me animas a tomarla en mi brazo, tomo el...

Hola.

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Cuando me extiendas tu mano y me digas "hola", yo me perderé en el cálido espacio que forman tus cejas y el misterioso brillo de tu mirada. Se esfumará mi aliento un segundo, pues para ese entonces te habré deseado de mil formas. Agonizaré deliciosamente observando cómo te mueves...Suave y seguro como una pantera. Mi pulso se detendrá con cada pregunta...Y yo sabré disimular cuando me tomes la mano, cuando por un segundo me sienta tuya.

Eternidad.

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¡Cuántos años han pasado, desde la primera vez que nos vimos, y empezamos a construir, catedrales de espejo, sueños en papel blanco! Las manchas de luz, se vuelven claroscuro, reflejos de un recuerdo que sobrepasa las mentes y el tiempo. Quién pensaría, que después de tantos años, seguiríamos caminado juntos, lado a lado, tomados de la mano, comprendiendo que era la única forma de trazar caminos que nos llevarán a la eternidad. Porque ningún sendero podía llegar a las estrellas, si no estaba a tu lado. El sol se mece en las cortinas de domingo, y el reloj suena pausado, contando los segundos para nuestra partida. Y en el éxtasis de una mirada, congelados por el momento de un parpadeo, en blanco y negro somos felices fantasmas, una impresión.  Aún más inmenso que las catedrales a nuestro alrededor, tuvimos un reino que construimos, con la forma de nuestra casa, donde te hice rey, y en donde, con honores, me entregaste un arquero de ojos claros y dos vírgenes ...

Salvador.

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Ella sostenía mis manos, y tenia dos grandísimas alas... Caminábamos descalzas sobre pasto verde, fresco y suave, entre sillas blancas y bajo las luces de un cielo de verano y primavera mezclados, lucecitas de flores blancas que emergían sobre un camino de parales metálicos. Ya la gente y sus trajes elegantes, como asistiendo a una recepción de matrimonio, se estaban yendo, sólo quedábamos ella y yo. "Nunca Un Salvado condenó tanto a Su Redentor... Es más fácil sin ti, ¿sabes? pero no quiero y no puedo dejarte así. aunque yo sea tu salvador, tu salvador..." Esa canción antes escuchada pero que no conocía, se repetía mientras nos mirábamos embelesadas, porque nuestra belleza inundaba el lugar, y éramos solo ella y yo, y su cabello castaño rojizo liso y grueso como crin de caballo, entre mis dedos; yo la peinaba, besaba su frente clara y le decía "qué hermosa eres...", mirábamos el cielo azul pintado de nubes solitarias tras las montañas de la mañana; yo est...