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Hombres.

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Abundan como abejas  palabras, sonetos y escritos de admiración a las mujeres, pero hoy, es el turno para otros seres. Aquellos que se pasean a veces pensativos, serios  sin creerse con gracia no creen ser atractivos y menos, importantes para las damas. Aunque no tienen gentiles curvas ni una cara agelical son sus músculos y su fuerza lo que nosotras mas hemos de admirar. Sus angulosas fisionomías sus puntiagudas anatomías su forma despreocupada de mirar de caminar hacen que los observemos sin aliento y mas de una, si leyeran el pensamiento, con sus fantasías, les haría sonrojar. Si creen que sólo nos fijamos en su exterior, no finjamos más, tienen toda la razón, porque de una sonrisa sincera, y de una fresca actitud, de sus modales nos fiamos, también de su pulcritud. ¡Lo que las mujeres callamos sólo para no incomodarlos porque nos criaron para decir  que son sólo ustedes los aptos para expresar sus ...

Declaración.

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Hoy he estado un dia más en éste profundo pozo. Ayer soltaron los leones, pero ésta vez sólo uno intentó agarrarme. Son sólo dos pero son suficientes para destrozarme. Veo las uñas rotas entre las paredes de piedra, de varias presas que como yo, queriendo escapar, resbalan; sucumben a éste pozo de infinitesimal proporción, que no puede contenernos y nos incomoda, pero sin saber cómo, resultamos ahi, cabiendo... Hoy la luz se hizo esquiva, igual no se necesita. Hay una pequeña lápida de cemento, que dice irónicamente con sangre: Lo que escribes con tu propia sangre, ni el tiempo ni el viento lo olvidan. Me pregunto y me invade una risa loca: ¿Y en éste hueco quién recuerda? Agarro un papel muy viejo, ya amarillo, y escribo mi declaración, con un hilo sanguinolento : Leones de grandes cojones, ¿no ven ya que estoy entre cuatro garras? que vienen a llevarse lo mejor de mis carnes y aún así ¿jamás están satisfechos? desgarren con fuerza, leones malditos...

El juego.

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Cuenta una bella pero triste historia, que el amor y el odio de la mano van unidos, porque lo que uno por amor junta de día, luego por el odio en una noche estará destruído. Lo que no dice el relato, es cómo se pasan las horas. Cómo desde siempre y desde aquel nefasto día, en que se hicieron sus caras hermosas, comparten el tiempo eterno, jugando y jugando, a ver quién se lleva la mas bella oda. Yo los he visto, entrar y salir de mi vida, y no les describen mas allá de sus juntas manos, pero yo los he visto detenidamente antes de emprender rápidos la huida, Sé que son como un siamés: tienen dos cabezas,  su pecho es la parte unida, tienen sólo dos brazos, y un par de pies. Le gusta subirse a lo más alto y desde allí divisar risueños a los humanos, que caminan por el mundo, con los ojos vendados, chocándose a tientas, de sus pasiones esclavos. Se deleitan escuchando  al sordo enamorado, tocando ágil el arpa, la lira, ...

Solos (pero no tanto).

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Estamos inmersos en un juncal de gente todos ellos tiesos, malhumorados, contando monedas, ignorándonos. Mientras nos hablan,  vemos sus bocas moverse, muy lentamente pero sólo los dos sabemos, que estamos de frente uno al otro, observando atentos nuestros labios. Cualquier sonrisa tímida, hace que el movimiento de cada músculo se escuche con gran estruendo, como si se tratara de mil bombas lanzadas para explotar los sentidos. Nos miramos a los ojos, y sabemos que ambos estamos pensando, el uno en el otro fijamente sin que nos desvíen con interesantes temas de nuestro delirio. Un toque, muy pequeño, y nuestra piel se eriza, eléctrica, recordando. El día nos distrae con su afán casi herético, pero sabemos que cuando la noche llega, su pasión es toda nuestra. Qué delicioso es saber, cuánto te prohíbes de mi cuando alguien menciona mi nombre, cuando en secreto yo se  que por dentro gritas demandando lo que un juncal de gente tiesa y malhumorada te quita de tu lado por las horas...